CONCIERTOS A PUERTA CERRADA

CONCIERTOS A PUERTA CERRADA

Creo que puedo decir que estos días estoy “yendo” a conciertos por encima de mis posibilidades. Los he visto delante del ordenador, en el sofá con la tablet, en la terraza con el móvil… Todos los conciertos y actuaciones improvisadas están siendo un gran entretenimiento estos días.

Lo mejor de todo es poder compartirlo con amigos. Quedas con ellos, os llamáis y celebráis la magia del momento. Pero cuando empieza el concierto, oops, sorpresa, vuestra gran idea de ver el concierto juntos parece que no lo es tanto.

¿Habéis intentado hacerlo? Es un drama: tu cantas y el otro va dos estrofas por detrás, se siento el concierto por todas partes, se acopla… Finalmente decidís que lo escucharéis a través de uno de los ordenadores. Tu subes el volumen a tope y el otro lo baja. Genial, ¡ya lo tenéis!

Ahora podéis escuchar el concierto, fantásticos (sobre todo si el que ha subido el volumen eres tu) pero entonces tu amiga te empieza a hablar y, claro, no oyes nada. Ves que mueve la boca y no sabes si canta o habla. Bajas el volumen, ‘¿Decías algo? -No, cantaba’. Ok, ¡seguimos!

Siguiente canción. De repente vuelve a mover la boca. Ahora piensas que está cantando pero no, ves que empieza a gesticular para que le hagas caso. Bajas el volumen, ‘Dices algo? -Sí, que encanta esta canción!’. Ok, ¡seguimos!

Y así hasta que tu amiga, en un gesto de solidaridad hacia ti que te están a punto de reventar los tímpanos de vuelve a hacer gestos. Bajas el volumen de nuevo y te dicen ‘¿Brindamos?’. Las dos levantáis las copas de vino, brindáis, un sorbo y, en un gesto de comprensión mutua, paráis la videollamada para continuar disfrutando del concierto a solas, a puerta cerrada.

Conchi Roque